Déficit de vitamina D: por qué es tan común y cómo detectarlo

El déficit de vitamina D es uno de los hallazgos más frecuentes en las analíticas, y resulta llamativo que afecte a tanta gente en un país tan soleado como España. Esta «paradoja» tiene una explicación clara relacionada con nuestro estilo de vida. La vitamina D es mucho más que un nutriente para los huesos: interviene en el sistema inmunitario, en la función muscular y en numerosos procesos del organismo. En este artículo explicamos por qué su déficit está tan extendido, qué síntomas puede producir y cómo mantener unos niveles adecuados.

 

¿Qué es la vitamina D y para qué sirve?

A diferencia de otras vitaminas, la vitamina D se comporta como una hormona. Su función más conocida es facilitar la absorción del calcio y el fósforo en el intestino, lo que resulta imprescindible para tener unos huesos y dientes fuertes. Pero sus efectos van más allá: participa en la respuesta del sistema inmunitario, en el buen funcionamiento de los músculos y en la regulación de diversos procesos celulares. Por eso, un déficit mantenido puede repercutir en distintos aspectos de la salud.

Existen dos vías principales para obtenerla. La más importante es la síntesis en la piel a partir de la radiación solar (rayos UVB); la segunda es la alimentación, aunque son pocos los alimentos ricos en vitamina D de forma natural (pescados azules, yema de huevo, hígado y algunos lácteos y alimentos enriquecidos).

 

¿Por qué es tan común el déficit de vitamina D?

Que vivamos rodeados de sol no garantiza unos niveles adecuados. Hay varios motivos que explican por qué el déficit es tan frecuente:

  • Vida en interiores: pasamos la mayor parte del día en casa, la oficina o el coche, con poca exposición real al sol.
  • Horario laboral: coincide con las horas centrales del día, que son cuando la piel sintetiza mejor la vitamina D.
  • Uso de protección solar y ropa que cubre la piel: son medidas necesarias para prevenir el cáncer de piel y el envejecimiento, pero reducen la síntesis de vitamina D.
  • Estación del año: en otoño e invierno la radiación UVB es insuficiente en gran parte del país.
  • Edad avanzada: con los años, la piel pierde capacidad para producir vitamina D.
  • Tono de piel más oscuro: la mayor cantidad de melanina actúa como filtro natural y reduce la síntesis.
  • Sobrepeso y obesidad: la vitamina D queda «secuestrada» en el tejido graso y disminuye su disponibilidad. Es un factor más que enlaza con las enfermedades crónicas asociadas a la obesidad.
  • Dieta pobre en las pocas fuentes alimentarias disponibles.

A esto se suma un matiz importante: por seguridad, no se recomienda una exposición solar prolongada y sin protección, especialmente en las horas de mayor intensidad y en episodios de calor extremo, como recordamos en nuestro artículo sobre los riesgos del calor para la salud. Por eso, en muchos casos, la vitamina D de la dieta o de los suplementos cobra especial relevancia.

 

Grupos con mayor riesgo de déficit

Aunque cualquiera puede tener niveles bajos, hay grupos en los que el déficit es especialmente frecuente y en los que conviene prestar más atención:

  • Personas mayores, sobre todo si salen poco de casa o viven en residencias.
  • Bebés amamantados de forma exclusiva, ya que la leche materna aporta poca vitamina D, y niños en etapas de crecimiento rápido.
  • Mujeres embarazadas y en periodo de lactancia.
  • Personas con obesidad o que han pasado por cirugía de la obesidad, por la menor disponibilidad y absorción de la vitamina.
  • Pacientes con enfermedades digestivas que dificultan la absorción de grasas (por ejemplo, celiaquía o enfermedad inflamatoria intestinal), o con enfermedad renal o hepática.
  • Personas con tonos de piel más oscuros o que, por distintos motivos, se exponen poco al sol.

En estos casos, la vigilancia de los niveles y, cuando el médico lo considere, la suplementación adquieren aún más importancia para prevenir problemas óseos y de salud general.

 

Síntomas del déficit de vitamina D

El déficit de vitamina D suele ser silencioso y, con frecuencia, se detecta por casualidad en una analítica. Cuando produce síntomas, los más habituales son:

  • Cansancio y sensación de falta de energía.
  • Dolores óseos y musculares o debilidad muscular.
  • Mayor tendencia a infecciones.
  • Cambios en el estado de ánimo.
  • Caída del cabello en algunos casos.

En los niños, un déficit grave y mantenido puede provocar raquitismo (huesos débiles y deformidades), mientras que en los adultos se asocia a osteomalacia (reblandecimiento óseo) y contribuye a la osteoporosis y a un mayor riesgo de fracturas.

 

¿Cómo se diagnostica y qué niveles son adecuados?

El déficit se detecta con un análisis de sangre que mide la 25-hidroxivitamina D (25-OH-D). De forma orientativa, suelen considerarse valores de deficiencia por debajo de 20 ng/ml e insuficiencia entre 20 y 30 ng/ml, si bien los umbrales pueden variar según el laboratorio y las guías. Podéis ampliar información en fuentes como la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

 

Cómo prevenir y corregir el déficit

Mantener unos niveles adecuados de vitamina D combina varios frentes:

  • Exposición solar sensata y con precaución: cortos periodos de sol en horas de menor intensidad pueden ayudar, siempre evitando quemaduras y respetando las recomendaciones de fotoprotección.
  • Alimentación: incluir pescados azules (salmón, sardina, caballa), huevos y alimentos enriquecidos.
  • Suplementación cuando esté indicada: el suplemento de vitamina D (habitualmente colecalciferol o vitamina D3) es muy eficaz, pero la dosis debe pautarla el médico. Del mismo modo que insistimos en el buen uso de los dispositivos y tratamientos en otras patologías, en la vitamina D también importa individualizar.

Un apunte de seguridad: más no siempre es mejor. Tomar suplementos de vitamina D en dosis altas sin control puede provocar toxicidad, con acumulación de calcio y efectos perjudiciales. Por eso conviene evitar la automedicación y ajustar la pauta según los niveles de cada persona.

Preguntas sobre el deficit de vitamina D
¿Cuánto sol necesito para tener suficiente vitamina D?

Depende de la estación, la hora, la latitud, el tono de piel y la superficie expuesta, por lo que no existe una cifra única. Además, la exposición debe hacerse siempre con precaución. Cuando no basta con el sol y la dieta, el médico puede valorar un suplemento.

No es recomendable. Lo ideal es conocer primero los niveles mediante una analítica y que sea el profesional quien indique si se necesita suplemento y en qué dosis, para evitar tanto el déficit como el exceso.

El déficit no engorda por sí mismo, pero se relaciona con el sobrepeso y la obesidad, porque el tejido graso reduce la disponibilidad de la vitamina. Es frecuente encontrar niveles bajos en personas con exceso de peso.