Ácido úrico alto y gota: causas, síntomas y tratamiento

El ácido úrico alto (hiperuricemia) es una alteración metabólica muy frecuente que, cuando se mantiene en el tiempo, puede desencadenar gota: una de las formas de artritis más dolorosas que existen. Además, el exceso de ácido úrico rara vez aparece solo; suele acompañar a la obesidad, la hipertensión y la resistencia a la insulina, por lo que su control forma parte de una estrategia más amplia de salud metabólica. En este artículo explicamos por qué sube el ácido úrico, cómo reconocer un ataque de gota y qué se puede hacer para prevenirlo y tratarlo.

 

¿Qué es el ácido úrico y por qué se acumula?

El ácido úrico es un producto de desecho que se genera cuando el organismo descompone las purinas, unas sustancias presentes de forma natural en nuestras células y en muchos alimentos. Normalmente, el ácido úrico se disuelve en la sangre, pasa por los riñones y se elimina por la orina. El problema aparece cuando el cuerpo produce demasiado o los riñones no consiguen eliminarlo con eficacia: entonces se acumula en la sangre (hiperuricemia).

Cuando los niveles son altos durante mucho tiempo, el ácido úrico puede cristalizar y depositarse en las articulaciones y los tejidos en forma de cristales de urato monosódico. Estos cristales, con forma de aguja, son los responsables de la inflamación y el dolor característicos de la gota.

 

Cuales son los factores de riesgo al tener el ácido úrico alto

La hiperuricemia responde tanto a factores que no podemos cambiar como a hábitos modificables:

  • Sexo masculino y edad adulta; en las mujeres el riesgo aumenta tras la menopausia.
  • Antecedentes familiares y predisposición genética.
  • Dieta rica en purinas: carnes rojas, vísceras, embutidos y algunos mariscos y pescados azules.
  • Consumo de alcohol, sobre todo cerveza, y de bebidas azucaradas ricas en fructosa.
  • Sobrepeso y obesidad, que aumentan la producción de ácido úrico y dificultan su eliminación. La relación con el peso es tan estrecha que la gota se considera una de las enfermedades crónicas asociadas a la obesidad.
  • Síndrome metabólico y resistencia a la insulina, que reducen la eliminación renal de ácido úrico.
  • Hipertensión arterial y enfermedad renal, así como algunos fármacos como los diuréticos. Puede consultar la relación entre presión arterial y salud metabólica en nuestro artículo sobre hipertensión y diabetes.

 

Cuáles son los síntomas y cómo aparece la gota

Tener el ácido úrico alto no siempre produce síntomas; muchas personas conviven con hiperuricemia sin saberlo. El problema aparece cuando se desencadena un ataque de gota, que suele reconocerse por:

  • Dolor articular intenso y de inicio brusco, con frecuencia por la noche o de madrugada.
  • Afectación típica de la base del dedo gordo del pie (podagra), aunque también puede darse en tobillos, rodillas, muñecas o dedos de las manos.
  • Enrojecimiento, hinchazón, calor y gran sensibilidad en la articulación: incluso el roce de la sábana resulta molesto.
  • Episodios que duran de unos días a un par de semanas y que, sin tratamiento, tienden a repetirse.

Con el tiempo, si la hiperuricemia no se controla, pueden formarse acúmulos de cristales bajo la piel (tofos), aparecer cálculos renales y producirse daño articular y renal permanente.

El diagnóstico combina la valoración clínica del episodio con una analítica de sangre que mide el nivel de ácido úrico. Conviene saber que durante un ataque agudo el ácido úrico en sangre puede aparecer incluso normal, por lo que a veces es necesario repetir la determinación pasado el episodio. La prueba de mayor certeza es el análisis del líquido de la articulación, donde pueden identificarse los cristales de urato. Organismos como la Sociedad Española de Reumatología  ofrecen información divulgativa fiable sobre la gota.

 

Por qué debemos controlar el ácido úrico 

La gota suele asociarse solo al dolor articular, pero el ácido úrico alto tiene implicaciones más amplias para la salud. La hiperuricemia se relaciona con un mayor riesgo de cálculos renales y, mantenida en el tiempo, puede contribuir al deterioro de la función de los riñones. Además, con frecuencia aparece dentro del llamado síndrome metabólico, junto con obesidad abdominal, hipertensión, alteraciones del azúcar y del colesterol.

Por eso, cuando detectamos ácido úrico elevado, no lo valoramos de forma aislada: es una oportunidad para revisar el conjunto de la salud metabólica y cardiovascular del paciente. Controlar el peso, la tensión, el azúcar y los lípidos no solo ayuda a reducir los ataques de gota, sino que disminuye el riesgo de complicaciones a largo plazo. Este enfoque global es el mismo que aplicamos en otras alteraciones metabólicas relacionadas, como la resistencia a la insulina.

 

Tratamiento del ácido úrico alto y la gota

– Durante el ataque agudo

El objetivo es aliviar el dolor y la inflamación cuanto antes. El médico puede indicar antiinflamatorios, colchicina o corticoides, según cada caso. Es fundamental no automedicarse y seguir siempre la pauta indicada.

– Tratamiento a largo plazo

Cuando los ataques se repiten, hay niveles muy altos o existen tofos o afectación renal, se emplean fármacos que reducen el ácido úrico, como el alopurinol o el febuxostat, que deben tomarse de forma continuada y con controles periódicos. Su finalidad es mantener el ácido úrico por debajo del umbral en el que cristaliza y evitar así nuevos episodios.

 

Cómo puedo bajar el ácido úrico 

Los cambios en la dieta y los hábitos son un pilar del tratamiento y, en muchos casos, ayudan a reducir la frecuencia de los ataques:

  • Limitar las carnes rojas, las vísceras, los embutidos y los mariscos ricos en purinas.
  • Reducir el alcohol, especialmente la cerveza, y las bebidas azucaradas con fructosa.
  • Beber suficiente agua para favorecer la eliminación del ácido úrico.
  • Mantener un peso saludable, evitando dietas muy estrictas o de adelgazamiento brusco, que pueden desencadenar ataques.
  • Incorporar actividad física regular como parte de un estilo de vida saludable; nuestras recomendaciones de ejercicio también son útiles en el contexto metabólico.
  • Priorizar lácteos desnatados, verduras y fruta; el café y las cerezas se han asociado a un posible efecto beneficioso.